viernes, 10 de agosto de 2012

ELLA Y ÉL


ELLA: lo veo pasar, a veces de lejos, a veces a mi lado, es muy agradable para mis ojos, me parece atractivo. Es nuevo en el barrio, sé que vive cerca aunque aún no descubro donde.
ÉL: la miro de reojo, no quiero que note demasiado mi interés; me parece muy bella, casi como un ángel. Quizás me equivoque pero creo que su mirada expresa tristeza. Qué oculta?
ELLA: vi donde entraba la otra noche,  su casa está al lado de la mía. Lo vi con sus amigos, sonreía, me gusta su sonrisa.
ÉL: ella ya sabe donde vivo, en cambio yo ya sabía que ella era la chica de la voz melodiosa de la casa colindante, aquellas tardes de domingo cuando una canción cualquiera se escurría por el techo y las rendijas de la pared, desde entonces no me pierdo los recitales de domingo.
ELLA: si es mi vecino, ¿escuchará, mis alaridos al intentar cantar? Que graciosa situación, pero no le queda otra, me seguirá soportando. Ayer lo vi, otra vez con sus amigos, pareció mirarme por un instante, o fue mi imaginación?
ÉL: la vi el otro día, otra vez vi reflejado en sus ojos pena, me gustaría ayudarla, pero cómo?
ELLA: hoy es una semana que no lo veo, me gustaría preguntar por el, pero no me atrevo, quizás se mudó de nuevo…
ÉL: tuve que viajar, cuánto la extrañé, pero me crucé con ella en la mañana, y mi día se iluminó.
ELLA: regresó!!, me choqué con él, yo estaba muy triste, llevaba unos documentos en la mano, tropecé y se me cayeron, el los recogió y me los dio; era la primera vez que estábamos tan cerca y tanto tiempo, yo le había echado mucho de menos en esa semana, sus ojos se posaron en los míos, y no pude contenerme, lloré, a plena confianza como si tuviéramos una amistad de años; me abrazó muy tiernamente, consolándome como si se sintiera culpable por haberse ido, no me importaba nada en esos momentos solo nosotros dos.
ÉL: la tuve entre mis brazos, no sé porque la consolé, un extraño instinto nació en mí al verla llorar, me di cuenta q no solo algo había nacido, sino que estaba creciendo.
ELLA: nos vemos casi todos los días, y en las noches siempre a la misma hora, en la puerta de nuestras casas se forma un puente, ahí conversamos, sentados en penumbra, y hablamos de nosotros.
ÉL: mi amiga es lo máximo, tan tierna, tan dulce, me agrada conversar con ella y que podamos compartir nuestros problemas, me gusta oír su voz…
ELLA: mi amigo es el chico mas bueno que he podido conocer; me escucha, me entiende y me cuenta las cosas que él pasa; con él ya no siento la soledad de antes. Le conté de mi pasado, me dijo que era bueno saber que era humana y que podía cometer errores, solo tenía que aprender de mis caídas.
ÉL: me contó que una vez amó y se entregó por amor; aunque no se lo dije, me sentí muy celoso, pero a la vez comprendí su gran capacidad para amar. Yo en cambio, nunca he podido, quizás sea la primera vez.
ELLA: creo que me enamoré, no sé cómo describirlo, solo sé que lo siento, me gustaría saber si él siente lo mismo, por ahora es un enigma.
ÉL: no hay duda, estoy convencido que esto es amor, lo sentí desde la primera vez que la vi, y nuestra amistad solo lo ha nutrido día a día. Quiero hacérselo saber y saber los sentimientos de ella, se lo diré esta noche.
ÉL: hoy no salió, tampoco veo luces en su casa, quizás tuvo que salir con su familia de urgencia y no le dio tiempo a avisarme.
ÉL: es el tercer día que no acude a nuestra diaria reunión en su puerta, tengo una sensación desagradable, me gustaría preguntar a su familia, aún no me atrevo.
ÉL: es el final de un domingo, hoy no se escucharon sus hermosas canciones, todo es silencio en su casa, me siento muy triste por no verla, la extraño muchísimo.
ÉL: me atreví a preguntar por ti, tu papá con voz profunda denotando una franca melancolía, me dio una nota tuya, dijo que sabía que en algún momento vendría a saber de ti, dijo que la leyera en paz.
 Ella se fue, agregó; aquel día salió de casa a comprar, yo solo recibí una llamada que me decía que mi hija había sufrido un accidente de tránsito y fue llevada inconsciente al hospital,  de esa habitación fría y con olor a remedios no volvió a salir, no viva.
Las lágrimas le inundaron los ojos, ve a tu casa chico, fue lo último que dijo y cerró su puerta.
Tenía la sangre congelada, no pude creerlo, mi amiga, mi amada…. perdida!!
Fui a casa, me acomodé en mi cama, sentía al mundo hostil y amargo, tenía la nota entre mis dedos, y temía leerla:
ELLA: “quizás no me atreva a decirte esto frente a frente, pero al menos aunque no lo digo lo plasmo en un papel, Te amo y tu???”
ÉL: (con las lágrimas inundándole el rostro). Yo también mi amor, adiós mi bella niña, que Dios te tenga consigo. Iré a verte pronto.
ELLA: Amado mío, te estaré esperando.

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