ELLA: lo veo pasar, a veces de lejos, a veces a mi
lado, es muy agradable para mis ojos, me parece atractivo. Es nuevo en el
barrio, sé que vive cerca aunque aún no descubro donde.
ÉL: la miro de reojo, no quiero que note demasiado
mi interés; me parece muy bella, casi como un ángel. Quizás me equivoque pero
creo que su mirada expresa tristeza. Qué oculta?
ELLA: vi donde entraba la otra noche, su casa está al lado de la mía. Lo vi con sus
amigos, sonreía, me gusta su sonrisa.
ÉL: ella ya sabe donde vivo, en cambio yo ya sabía
que ella era la chica de la voz melodiosa de la casa colindante, aquellas
tardes de domingo cuando una canción cualquiera se escurría por el techo y las
rendijas de la pared, desde entonces no me pierdo los recitales de domingo.
ELLA: si es mi vecino, ¿escuchará, mis alaridos al
intentar cantar? Que graciosa situación, pero no le queda otra, me seguirá
soportando. Ayer lo vi, otra vez con sus amigos, pareció mirarme por un
instante, o fue mi imaginación?
ÉL: la vi el otro día, otra vez vi reflejado en sus
ojos pena, me gustaría ayudarla, pero cómo?
ELLA: hoy es una semana que no lo veo, me gustaría
preguntar por el, pero no me atrevo, quizás se mudó de nuevo…
ÉL: tuve que viajar, cuánto la extrañé, pero me
crucé con ella en la mañana, y mi día se iluminó.
ELLA: regresó!!, me choqué con él, yo estaba muy
triste, llevaba unos documentos en la mano, tropecé y se me cayeron, el los
recogió y me los dio; era la primera vez que estábamos tan cerca y tanto
tiempo, yo le había echado mucho de menos en esa semana, sus ojos se posaron en
los míos, y no pude contenerme, lloré, a plena confianza como si tuviéramos una
amistad de años; me abrazó muy tiernamente, consolándome como si se sintiera
culpable por haberse ido, no me importaba nada en esos momentos solo nosotros
dos.
ÉL: la tuve entre mis brazos, no sé porque la consolé,
un extraño instinto nació en mí al verla llorar, me di cuenta q no solo algo
había nacido, sino que estaba creciendo.
ELLA: nos vemos casi todos los días, y en las noches
siempre a la misma hora, en la puerta de nuestras casas se forma un puente, ahí
conversamos, sentados en penumbra, y hablamos de nosotros.
ÉL: mi amiga es lo máximo, tan tierna, tan dulce, me
agrada conversar con ella y que podamos compartir nuestros problemas, me gusta oír
su voz…
ELLA: mi amigo es el chico mas bueno que he podido
conocer; me escucha, me entiende y me cuenta las cosas que él pasa; con él ya
no siento la soledad de antes. Le conté de mi pasado, me dijo que era bueno
saber que era humana y que podía cometer errores, solo tenía que aprender de
mis caídas.
ÉL: me contó que una vez amó y se entregó por amor;
aunque no se lo dije, me sentí muy celoso, pero a la vez comprendí su gran
capacidad para amar. Yo en cambio, nunca he podido, quizás sea la primera vez.
ELLA: creo que me enamoré, no sé cómo describirlo,
solo sé que lo siento, me gustaría saber si él siente lo mismo, por ahora es un
enigma.
ÉL: no hay duda, estoy convencido que esto es amor,
lo sentí desde la primera vez que la vi, y nuestra amistad solo lo ha nutrido
día a día. Quiero hacérselo saber y saber los sentimientos de ella, se lo diré
esta noche.
ÉL: hoy no salió, tampoco veo luces en su casa,
quizás tuvo que salir con su familia de urgencia y no le dio tiempo a avisarme.
ÉL: es el tercer día que no acude a nuestra diaria
reunión en su puerta, tengo una sensación desagradable, me gustaría preguntar a
su familia, aún no me atrevo.
ÉL: es el final de un domingo, hoy no se escucharon
sus hermosas canciones, todo es silencio en su casa, me siento muy triste por
no verla, la extraño muchísimo.
ÉL: me atreví a preguntar por ti, tu papá con voz
profunda denotando una franca melancolía, me dio una nota tuya, dijo que sabía
que en algún momento vendría a saber de ti, dijo que la leyera en paz.
Ella se fue, agregó; aquel día salió de casa a
comprar, yo solo recibí una llamada que me decía que mi hija había sufrido un
accidente de tránsito y fue llevada inconsciente al hospital, de esa habitación fría y con olor a remedios
no volvió a salir, no viva.
Las
lágrimas le inundaron los ojos, ve a tu casa chico, fue lo último que dijo y
cerró su puerta.
Tenía
la sangre congelada, no pude creerlo, mi amiga, mi amada…. perdida!!
Fui
a casa, me acomodé en mi cama, sentía al mundo hostil y amargo, tenía la nota
entre mis dedos, y temía leerla:
ELLA: “quizás no me atreva a decirte esto frente a
frente, pero al menos aunque no lo digo lo plasmo en un papel, Te amo y tu???”
ÉL: (con las lágrimas inundándole el rostro). Yo también
mi amor, adiós mi bella niña, que Dios te tenga consigo. Iré a verte pronto.
ELLA: Amado mío, te estaré esperando.