Volvía del instituto a carreras, me había olvidado
del trabajo del cual era el último día de entrega, me repetía lo tonta que era por dejar el fólder en mi cama, y lo peor
que otras dos personas dependían de ese trabajo; pero ya estaba en camino,
faltaba poco.
De pronto, sentí una mano en el hombro, que por
instinto me sobresaltó, giré, a punto de abofetear a quien osara tocarme, mas
mi mano se quedó suspendida en el aire, petrificada; un rostro conocido
iluminado por el sol: un antiguo amor.
Alguien a quien aún amaba. Se me estremeció el cuerpo, el sonreía,
expresaba alegría, como si fuera su persona favorita en el mundo. Cuando al fin
recuperé el habla pude saludarlo, nos pusimos a conversar de su vida, de la
mía, aunque omitíamos el tema sentimental, al menos yo lo hice a propósito, no
quería decir que tenía pareja.
Para cuando me di cuenta, llevaba mas de media hora conversando
con él, recontra! Mi trabajo!, me despedí como pude, no sin antes darle mi
número de celular a su pedido, quedó en llamarme.
Salvé como pude la nota de ese trabajo, mis compañeros
estuvieron muy molestos conmigo, pero ya no podía retroceder el tiempo para no
quedarme conversando con el, y es que si pudiese tampoco lo haría.
Cuatro días de agitada rutina, con espacios específicos para
respirar, comer y hasta a veces asearme correctamente; rendida, dormía recostada en el sofá, y como cuando uno
quiere dormir todo hace bulla, el celular empezó a sonar, 1 timbrada, no voy a
contestar, 2 da timbrada, no lo voy a hacer, 3ra timbrada, ya ni modo debe ser
algo urgente; era él, otra vez muda, me invitó a salir ni corta ni perezosa
acepté, quedó en recogerme en 10 min, me vestí como pude, y salí.
Fue una de las noches más placenteras que he tenido, fuimos a
tomar helados, había olvidado la manera como nos compenetrábamos, el no paraba
de hacerme reir, él tomó mi mano que estaba sobre la mesa y no la soltó, como
si fuera de lo más natural del mundo, lo miré, pero él siguió hablando opté por
dejarla ahí; salimos de la fuente de soda tomados de las manos, me acompañó a
casa, conversamos en la puerta, hacía frío, noté que temblaba, lo invité a pasar; no hay palabras
que puedan describir lo que pasó, solo se que amanecí en su pecho extasiada, todo
lo que creí superado me caia en la cara.
No nos dijimos nada de sentimientos, pero sé que los hay, lo veo
casi todos los días, me habla y su mirada dice te amo, y yo viviendo una doble
vida que ya no sé como parar.
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