Pero ¡qué diablos! Cómo demonios llegué hasta aquí????,
Espera Susan, no te asustes, piensa; a ver, qué es lo último que recuerdo?..... mmm estaba dentro del Buggys tomando un café a la salida del trabajo como de costumbre. Tuve un día muy agitado, pues se juntó el papeleo, por las dos semanas de huelga de los trabajadores, salí, las chicas me ofrecieron llevarme en su auto, pero simplemente desistí, me fui al Buggys y pedí un capuccino. Pero y ahora? Qué hago en este bendito puente???
Esto es demasiado confuso, si tan solo pasara alguien y así poder preguntarle en donde me encuentro, quiero salir de aquí, tengo que hacerlo. Será que alguien puso algo en mi bebida?
No sabía lo que estaba pasando, ni como había llegado a ese lugar, lo único cierto es que estaba aterrorizada; nunca me gustaron los puentes y mucho menos lo que hay debajo de ellos: el agua, es decir el río, lago o mar; y cuanto más grande peor, por eso nunca aprendí a nadar.
Empecé a desesperarme y lloré mucho, hasta que me di cuenta, que nadie vendría en mi auxilio; me sentí peor; empecé a caminar como una niña asustada, lo cual a mis 28 años, me avergonzaba mucho, sobre todo, porque yo siempre había sido una persona muy independiente, desde antes que mis padre murieran, y, me dejaran sola con cuentas y un negocio quebrado, en fin esa no es la historia.
Caminé por el borde del puente, bien agarrada, o al menos eso intentaba; sin mirar por debajo de mí, siempre de frente, pero mientras más caminaba, menos veía.
Al final del puente, había una espesa niebla, que cubría todo el panorama, eso me asustaba más. No sé en qué momento pasó, lo cierto es que para mi mala suerte, resbalé; fue uno de los momentos más terribles que he podido experimentar; caía y caía, creo que solo fueron segundos, pero para mí fueron años.
Iba a caer en el agua y sin saber nadar, no esperaba algo bueno en ese desenlace, así que me preparé para lo peor, cerré los ojos. De pronto una sensación en la espalda reconfortante, algo blando, sin la humedad característica del agua, no era el golpe que esperaba recibir, al chocar, contra la tensión del agua, empecé a abrir los ojos lentamente, lo que vi no se parecía en nada a lo que esperaba. Bolsas y montones de bolsas y más allá de ellas una cabina de tripulación: estaba en un barco; al parecer un barco de carga y había caído en la proa, pero no divisaba a nadie dentro de la cabina.
Bajé del montón de bolsas, en las que me encontraba, pude divisar en toda su extensión la majestuosidad del mar, y este barco, a pesar de su tamaño, era solo un punto en medio de todo ese paisaje, pasamos del puente hacia mar abierto. Fui directamente a la cabina del capitán, pero no encontré alma alguna, bajé por el corredor a los diversos camarotes y nada!, estaba sola o eso pensé al momento.
Me sentí desolada, llegué a pensar que alguien comandaba el barco y podía recurrir a él, para llevarme a puerto, y luego a casa, qué hacía un barco solo?
Estaba cansada, toda esa travesía me dejó agotada, entré a uno de los camarotes para recostarme y dentro de el, vi una bañera, quería sentir la frescura del agua en un lugar en que sí la podía controlar, antes de descansar, porque estaba agotada; sin pensarlo mucho tiempo, me deshice de mis ropas, quedé desnuda en la bañera, abrí el grifo de agua y la dejé correr por mi cuerpo, reconfortaba de solo tocarla, era encantador y revitalizante.
No sé, cuánto tiempo demoré ahí dentro, entré a un estado como de ensoñación. De pronto sentí, como unas manos que se aferraban a mi cuerpo, una sensación tan dulce, y a la vez tan amarga, imposible describir a esos brazos que me rodeaban, y en vez de asustarme, como fuera lógico me dejé abrazar; era un sentimiento tan cálido, que me parecía conocido, no me importó estar desnuda, no me importó que el agua cayera directamente a mi cara, solo esos brazos, con los que quería estar rodeada toda mi vida…
Repentinamente, se fueron; di la vuelta, nadie, que extraño, ahora si sentí temor, pero no por esos brazos, sino por la desaparición de algo que yo quería tener siempre, me cambié de volada; corrí entre los pasillos y camarotes buscando aquellos brazos de los cuales no sabía procedencia, pero los necesitaba con locura; nada, desesperada y sin saber que hacer regresé al camarote, me quedé parada en frente a la bañera, sólo entonces pude recordar… esos brazos, ese abrazo….. Dios Mío, Andrés!!!!
Estaba en el Buggys, tomando el capuccino, llegaste con la moto, habíamos quedado en que me recogerías, por eso no acepté ir con las chicas, salí sin terminar el capuccino, te reíste al verme con un poco de crema en los labios, te di un beso y tu amablemente, medio divertido, medio sensual, besaste primero la crema y luego la acercaste a mis labios, subí a la moto; íbamos en la autopista de siempre camino a casa, teníamos un año de casados, me mudé hacia tu casa, pues yo solo vivía en un cuarto, había vendido el negocio familiar, e invertido el dinero en mi carrera de administración, ahora trabajaba en una empresa, en donde tenía un buen sueldo y buenas personas trabajando conmigo, te conocí cuando solicitaste a donde trabajaba, te asesoraran para tus construcciones llevando, yo, tu archivo; congeniamos desde un principio y entablamos una bella amistad, al poco tiempo nos dimos cuenta que no podíamos vivir sin el otro y así, nos casamos, con muchos sueños, yo siempre te dije que quería tener una hija que tuviera tus ojos y tu decías que mejor tuviera mi rostro pero tu carácter.
De camino a casa, paramos en la gasolinería, donde tuve tiempo de comer un helado, al retomar el camino, Oh no! No, no, es así! Andrés no! No se percató, no fue a propósito, un auto cruzaba la calle a toda velocidad, los frenos no sirvieron de nada y Dios!
Para cuando volví a abrir los ojos, ya no había bañera, ni camarote, ni barco, estaba tendida en el suelo, con algo caliente que resbalaba por mi mejilla, me dolía todo, intenté moverme, dónde está Andrés?
La voz no me salía, se escuchaba débil, con mi mayor esfuerzo, pronuncié su nombre, esfuerzo en vano; vi alrededor que todo era un alboroto, también alcance a ver a la moto caída a unos metros de mi derecha; y lo vi, muy cerca de la vereda, en medio de un charco de sangre, me arrastre como pude a su lado, abrió los ojos, solo para decir que lo perdonara por lastimarme; no, no, no, es tu culpa, pero no volvió a decir palabra, lo besé, y cerró los ojos, para nunca más volverlos a abrir.
Han pasado casi 10 años desde aquel día y mi memoria se empeña en recordar como si fuera ayer, no he podido olvidarte y hago esto en tu memoria, nuestra pequeña ilusión nuestra pequeña historia.
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