A ti que dentro de tus sueños pusiste los míos
propios,
que proyectaste una vida basado en la
responsabilidad adquirida,
que subiste de grado en el escalón de la hermandad.
Hoy ya vez cumplidas tus metas,
tras arduo esfuerzo trabajo y tras pie,
tras noches de desvelo e incontables padeceres.
Hoy mi orgullo en tu nombre se eleva, en mi corazón
se exalta la alegría;
una madre, en casa, de felicidad una lágrima derrama,
y en el
cielo a un hombre llenas de emoción.
Por eso tres o cuatro palabras, te ofrezco;
reconociendo en ti hombre de bien,
y sobretodo dándote a conocer:
que míos son tus sufrimientos
y mas aún, tus metas también lo son. Te amo.
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