viernes, 17 de febrero de 2012

FANTASMAS DE LA NIÑEZ

Y Dios creó a Adán y a Eva y los puso en el paraíso, pero Eva llevada por la tentación tuvo que morder la manzana, ahí empezó el problema... por qué nadie le dijo a Eva que tenía que cepillarse los dientes después de comer????
Por siglos el mayor terror de los niños es una visita al sacamuelas, es así que desde pequeños aprendemos que cualquier dolor en la boca se debe callar! como máximo permitido es comer poco bajo el pretexto de no tengo hambre, pero JAMÁS de los jamaces decir me duele, y vaya que duele! porque la bendita comida se metió en esa pequeña caries de la cual se aferra a morir y no la puedes sacar.
En el mejor de los casos el dolor desaparece al dejar libre la caries con todos los medios posibles que has intentado, pero si no desaparece ????
Claro uno ahí recién cae en la cuenta de los caramelos, chisitos, piqueos, etc, etc se ha comido olvidándose  del tedioso afán de cepillarse los dientes.
Después de un día fatal por el dolor decides decirle a tu mamá: Mamá me duele el diente!!! buuuu y con pequeñas gotas de lágrimas bailando en los ojos porque a esas alturas el dolor es insoportable; como buena mamá saca una cita y decide llevarte lo más rápido posible, es ahí donde tus miedos se intensifican, en la sala de espera escuchas el clásico taladro zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz con notas cada vez más agudas que alcanzan tu mismo nervio dentario Ouch!. Luego de la media hora correspondiente de espera cuando estás a punto de tener una curación milagrosa, te hacen pasar, te quedas anonadado viendo los instrumentos que viste en la película de frankestein, todos de tortura, noooo a esto no entro ni a balas!! pero super mamá te ataja y te obligan a sentarte en su silla del terror, en algunos casos frente a un posible movimiento involuntario tuyo (reintento de escape) te ponen unos lindos brazaletes en las muñecas, mientras mamá piensa que le encantaría tener una de esas sillas en casa solo por si su pequeño ángel se portara mal.
Empieza el taladro y no es hasta que pegas un grito y las lágrimas bailando se convierten en un río, que deciden ponerte la anestesia, muchos pinchazos después tu cara se adormece y felizmente ya no sientes nada... uffffffff.
Para cuando te das cuenta el procedimiento acabó, ya sea una curación o que te quedaste desdentado, pero todos los recuerdos de sufrimiento nadie los quita, así nace nuestra paranoia.
De adultos quien diga que le es fácil ir de voluntario y en su sano juicio al odontólogo me parece cuento, el sólo hecho de recordar al taladro nos da escalofríos, pero como gente grande debemos dar el ejemplo, además que como de niños no hemos perdido el hábito de sólo ir cuando el dolor es insoportable; si ya sé que hay personas que ya aprendieron y prefieren ir de cuando en cuando a revisarse, pero hablo del común denominador eh.
Conclusión: mejor es la prevención, lleva tu cepillo y tu pasta dental a TODOS lados como tu best friend o mejor aún como chico que carga los preservativos, al menos los primeros no te fallan :D

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